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A pesar de haber desaparecido como orden
militar en la segunda mitad del siglo XIV en
la actualidad no son pocos los grupos que se
reivindican como sucesores de los templarios
y que, a la vez, mantienen una clara
conexión con la masonería.
¿Se trata de meros farsantes con
pretensiones delirantes o realmente tuvieron
alguna relación los primeros templarios con
el nacimiento de la masonería? La peripecia
de los caballeros del Temple es, sin ningún
género de dudas, uno de los episodios más
apasionantes no sólo de la Edad Media sino
de toda la Historia universal. De hecho, su
mismo final parece apuntar más a un inicio
que a una verdadera conclusión. El 18 de
marzo de 1314 era quemado en París el
Maestre de los templarios, Jacques de Molay,
tras un proceso que había durado más de un
lustro. Desde su pira mortuoria, de Molay
emplazó a Felipe el Hermoso de Francia, a
Guillermo de Nogaret, mayordomo del monarca,
y al Papa Clemente, desarticulador de la
orden para que antes de que concluyera el
año comparecieran ante el tribunal de Dios
para responder del proceso y la condena de
los templarios. De manera escalofriante, los
tres emplazados fallecieron antes de que se
cumpliera el año y además en el caso de la
dinastía reinante en Francia una dinastía
que no había tenido problemas de sucesión a
lo largo de tres siglos se produjo una
extinción dramática en breve tiempo.
El proceso de los templarios, íntimamente
relacionado con su disolución por decisión
papal, sacó a la luz un cúmulo de
acusaciones que iban desde la práctica de la
sodomía, un pecado relativamente menor, a la
utilización de la magia negra en ceremonias
secretas y a la blasfemia idolátrica. Que
Felipe de Francia, ansioso por obtener más
fondos y despojador poco antes de los
judíos, buscaba fundamentalmente llenar sus
arcas parece fuera de duda; que Guillermo de
Nogaret le sirvió buscando no el que
resplandeciera la justicia sino beneficiar a
su señor es innegable y que el Papa Clemente
se plegó a las presiones del monarca galo,
en parte, por miedo y, en parte, por
superstición parece muy difícil de discutir.
Tampoco puede cuestionarse que Molay y otros
acusados fueron sometidos durante años a
tormento y que, posteriormente, renegaron de
las confesiones suscritas bajo el efecto de
la tortura, un hecho que precipitó
precisamente su condena a la pena capital.
Sin embargo, existe más de una posibilidad
de que las acusaciones vertidas contra la
orden del Temple no fueran del todo falsas.
Fundada al calor de la I Cruzada, la orden
del Temple fue el primer intento de
establecer una entidad que incorporara tanto
el factor monástico con el militar en su
vocación espiritual. De ahí que recibiera el
apoyo entusiasta de san Bernardo y que no
pocos reyes incluidos monarcas de los reinos
españoles la miraran con agrado y la
favorecieran. Los templarios se convirtieron
en un ejército eficacísimo en la lucha
contra el Islam al igual que sucedería poco
después con los Hospitalarios. Sin embargo,
a diferencia de éstos que se ocupaban de
enfermos, necesitados y heridos, no contaron
con ningún énfasis en cuestiones
relacionadas con el ejercicio de la caridad
y no tardaron en entregarse a funciones de
carácter bancario que casaban mal con su
vocación de monjes soldados. Por si fuera
poco, algunos de los caballeros templarios
no tardaron en sentirse atraídos por
corrientes gnósticas orientales manteniendo
unas relaciones sospechosamente cordiales
con grupos como la secta musulmana de los
hashishim o asesinos. En qué medida esta
suma de elementos inficionó a la orden es
difícil de establecer.
Que perdió buena parte de su carga
espiritual primigenia y que no pocas veces
funcionó más como una entidad crediticia que
espiritual es innegable. Cuestión aparte es
que, efectivamente, fuera culpable de los
cargos formulados contra ella en el proceso
orquestado por Felipe el Hermoso. De hecho,
cuando la orden fue disuelta y se procedió a
juzgar a sus caballeros en otras partes del
mundo por regla general obtuvieron
sentencias absolutorias. En España, por
ejemplo, ninguno de los monarcas se opuso al
proceso y, por el contrario, se permitió que
los legados papales lo llevaran a cabo sin
interferencias. El resultado fue que no se
dictó una sola condena en el ámbito de
Castilla, Navarra, Portugal o Aragón.
Incluso puede añadirse que aunque los
templarios tenían la posibilidad de cobrar
una pensión procedente de los fondos de la
disuelta orden y retirarse, prefirieron
integrarse en su mayoría en otras órdenes
militares, lo que no sólo no chocó con
objeciones sino que recibió un inmenso
apoyo.
Aún más. Cuando antiguos templarios dieron
origen a nuevas órdenes como la de Montesa
la iniciativa fue acogida favorablemente
tanto por las autoridades eclesiásticas como
por las civiles. En términos generales, por
lo tanto, la orden del Temple no se había
visto contaminada por los hechos que se le
imputaban y así se entendió en la época. En
términos generales porque excepciones de
enorme relevancia las hubo. Por ejemplo, un
grupo de templarios franceses marchó a
Escocia donde Roberto el Bruce se enfrentaba
con los ingleses un episodio reflejado en
parte por la película Braveheart y se puso a
su servicio. El rey Roberto los acogió
entusiasmado no en vano eran magníficos
guerreros y quizá incluso llevaban consigo
fondos salvados del expolio de la orden y
los utilizó para vencer militarmente a los
ingleses y conservar la independencia de
Escocia. |